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El mundo pequeño

Publicado en Nihilism, Uncategorized el Septiembre 26, 2009 por moby31416

Hay una vieja expresión que revela el grado en que nosotros como individuos no tenemos fe en la sociedad. “Mantén la cabeza baja”, decían nuestros abuelos a nuestros padres, lo que significa: trabaja duro e ignora el resto.

Esta fascinante declaración sugiere en primer lugar que meterse en los asuntos de uno es necesario para escapar de un mundo de agresiva competencia y, en segundo lugar, que este mundo necesita de un escape, porque no hay objeto en observarlo – como tratar de encontrar puntos de referencia en la costa mientras uno es barrido hacia abajo por un río de caos, es desorientador, incluso aterrador.

Una generacion o dos más tarde, sin embargo, podemos ver el problema en este tipo anárquico de declaración “vive y deja vivir”. Si uno no provee una guía a la sociedad en grande, esta como colectividad se encamina hacia el más bajo común denominador y, un día, despiertas del sueño inducido por el trabajo en tus 60s para darte cuenta de que tu país se ha desviado hacia el tercer mundo. ¿Cómo sucedió esto? La cabeza baja significa ninguna conciencia más que por uno mismo.

Actualmente, el cinismo llega a su cima a medida que nuestra sociedad insiste en gritar sus fracasos desde la más alta de las montañas. Estamos en busca de salvadores, o de alguien más que le importe, sin pensar que un receptor debe comprender la importancia de un mensaje antes de que él o ella lo busque.

Nosotros, los no-desorientados, estamos exhaustos como el resto, pero por razones diferentes. Estamos cansados de ver siempre a los malos ganar mientras pretenden ser buenos. Estamos cansados de ver a los favoritos de la masa abrumar por medio de las muchedumbres a la mejor opción. Estamos agotados con el tedio de encontrarnos con una sociedad en constante movimiento y competencia, sin siquiera producir claridad.

La mayoría de la gente está cansado de esto también y así recurren a la negatividad. Dicen cosas horribles de sus paises, sus etnias, sus familias, de ellos mismos y de su especie. Se sienten sin poder para el cambio, así que se rinden. Hay infinitas maneras de rendirse, pero las más significativas son el suicidio, los comportamientos autodestructivos y la negatividad prevaleciente que lleva a la baja autoestima crónica.

Los medios de comunicación ayudan a este proceso. Las malas noticias venden mejor que las buenas porque ¿quién va a prestarle atención a una nota que diga que todo está bien? Respondemos más a amenazas que a la afirmación positiva porque las amenazas nos advierten que podríamos perderlo todo. Las ideas positivas, incluyendo la posibilidad de mejores alternativas, son riesgos sin cierta recompensa de por medio, mientras que lo que tenemos ahora es una recompensa cierta.

Ahora que los medios han sido democratizados, hemos agregado más carteles y altavoces para emitir revoltijos de símbolos confundidos en la refriega. Un escritor cualquiera de blogs, tal como un tipo “cool” cualquiera en un espectáculo de rock o el gran hombre en un campus universitario, se hace de un estatus diciéndole a la gente en superlativos lo que ellos quieran escuchar. Deberíamos renombrar a los blogs como “blovs” (Nota del traductor: de “bloviation”, o hablar pomposamente una verborrea que no tiene ningún significado), porque son pura habladuría abundante que tiene muy poco que decir, repitiendo ideas básicas que nos excusan de arreglar los problemas al echarle la culpa a otro.

Consecuentemente, somos una especie muy dividida dentro de sí misma, una civilización que se odia e individuos que perciben una claridad religiosa en la negatividad tan fuertemente como perciben su propia falta de eficacia. Todo lo que podemos hacer, muchachos, es seguir intentando la misma maldita cosa que no resultó las ultimas seis millones de veces que la intentamos, ¡pero intentemos con mayor ahinco!

A medida que este crescendo de negatividad diaria nos asalta, nos metemos en un comportamiento tan instintivo como es el comer: miramos hacia abajo. En efecto, nos creamos un mundo pequeño, compuesto por nuestro escritorio, por lo que leemos, por nuestra computadora, por nuestro plato de comida, por nuestras rodillas mientras estamos sentados en el retrete. Mantenemos nuestras cabezas gachas para así no intentar orientarnos mientras miramos el todo.

Nosotros hemos creado, en efecto, pequeños mundos de todas las cosas que podemos controlar y hemos ignorado el mundo más grande en el cual todas las causas se hayan conectadas a efectos, en una cascada de consecuencias. Nos hemos separado de la realidad en un espacio definido por el “uno mismo”. Esto no es distinto de una avestruz que esconde su cabeza en la arena o de un niño metiéndose bajo una sábana para evitar ver una película de miedo.

Algunas personas gustan de pretender que están conscientes y calmados y expresan esto a través de: (a) un desapego de los problemas del mundo y (b) la creación de “soluciones” que piensan los hacen verse mejor. Esta creencia, Catervismo (de “caterva”, o muchedumbre), es una tendencia multimilenaria que representa el decaimiento de nuestra sociedad, de forjar un nuevo campo a pelearse por el botín.

Esta gente acoge ideales que son irreales porque estos ideales no pueden nunca realizarse. Incluso si no son “activistas” que pierden todo su tiempo escribiendo en blogs y protestando y lavando condones ecológicos (R), no esperan que su actividad sea productiva. Es sólo un estilo de vida.

El punto cardinal de esto, el llamado “hipster”, ve esta tendencia por lo que es, un accesorio social o moda y la trata como tal. Hablan de ideologia como hablarían de música y ropa; son cangrejos ermitaños que construyen una casa de justificaciones y baratijas alrededor de ellos en un orden “único”, con el fin de justificar sus personalidad hacia ti para que los ayudes a ser populares.

Deprime más aún a la gente inteligente el ver esta masa que parece crecer porque ofrece ilusiones fáciles y placenteras. Todo lo que esta masa toca pierde su autenticidad y colapsa desde dentro. Esta misma gente que parece que le importa que los malos siempre ganen, etc., son de hecho la razón de que esos malos siempre ganen por su falta de sinceridad y por lo fácil que son de manipular.

Para ganar en su tipo de sociedad, se debe venir con una opción que reitere la opinión popular – siempre variaciones de “mantén tu cabeza abajo y hazte popular o rico” – y manifestarla de alguna forma única con el mismo tipo de aproximación singular a apariencias superficiales que hace al ostentoso “hipster” parecer novedoso. Se alimentan unos de otros, como un cancer, sin contribuir a nada importante. Hasta ellos lo saben, por lo que están siempre maniáticos por tener cosas “nuevas” para celebrar cada día.

La verdad duradera no tiene lugar con esta gente.

El resto que tiene agarre con la realidad encuentra a esta gente deprimente porque parecen ganar la guerra de los números. Esto no es tan así. Tal como la mayor parte de la gente no está comprometida con un ideal político u otro, pero eligen lo menos malo de varias opciones malas, hay una mayoría silenciosa que no se ha incorporado a esta tendencia.

Esta mayoría silenciosa contiene a un grupo de gente inteligente que trabaja duro, pero que también mantiene su vista en alto. Tienden a estar deprimidos porque ven como los números triunfan por sobre la verdad y su posición de atraer a otra gente inteligente los pondrán siempre en la minoría. Muchos lectores de este artículo vendrán de este grupo.

Si se sale del mundo pequeño, tambien debería uno salirse de la capa de realidad consensual fabricada por aquellos que quieren mantener a todos en sus mundos pequeños como un medio de control. Este grupo de control, formado tanto por avariciosos hombres de negocios como por “hipsters” parasitarios, quiere que todos ignoremos la dirección colectiva de la humanidad. Ellos sacan ganancia mientras nosotros dormimos.

Sin embargo, su victoria es notablemente temporal, como lo es cualquier victoria cuando la vía va hacia abajo. Muchas guerras se han decidido despues de que un lado, ganando la mayoría de las batallas, se da cuenta de que su posición en la guerra es la de perder. La mayor parte de la gente exitosa en la vida tuvo que soportar muchas derrotas antes de encontrar una manera de expresar la idea que los llevó a la victoria.

Lo que está ocurriendo ahora es lo que precede a un embotellamiento de la población. Los embotellamientos ocurren cuando todos, excepto un pequeño grupo de los mejores, son destruidos o dejan de procrear. En una extraña manera de invertir al mundo pequeño, los embotellamientos imponen el mundo grande al grupo mayor y aquellos que no son inconscientes de la realidad (o atrincherados en mundos pequeños) prevalecen.

Este proceso es tan matemático como lo es la “naturaleza”, en algún sentido romantizado. Ciertos patrones prevalecen en la manera en que los puntos de información son distribuidos, influenciados por límites. Periódicamente estos límites, influenciados por el patrón dentro de ellos, se redistribuyen y se estrechan, obligando al patrón disperso a encontrar una forma más clara y simple.

Así como nuestra especie se acerca al completo dominio sobre la naturaleza, también sufre de una falta de consistencia interna. No hay consenso político, ni de valores, ni de estilos de vida y muy poco control de calidad, especialmente en la manera en que los estados modernos crean al “Estado Niñera” y programas de asistencia social para ayudar a cualquier idiota despistado a unirse al juego de los números.

La respuesta de nuestro mundo será la de gradualmente cubrir a la mayor parte de la humanidad en una encarnación previa o de bajarlos de categoría en la escala evolutiva hacia lo que son los monos. Aquellos que se comportan como monos (copulando con cualquier cosa que se mueva, bebiendo y drogándose y sin hacer nada productivo, gozando mientras el mundo alrededor de ellos se pudre) se convertirán en monos con el paso de las generaciones. Dejen que los “hipsters” lleven sus así llamadas vidas “cool”, porque no tienen poder en contra de esta tendencia más grande que su tendencia.

Muchos fallarán en hacerse de conexiones significativas con otros, fallarán en procrear y terminarán como gente solitaria y granular fuera de la poza genética. Así como los efectos de la inestabilidad que ellos mismos crearon se esparce, los países fracasarán y más serán extraídos en el subsiguiente caos, guerra, anarquía, derramamiento de sangre, enfermedades y corrupción. No será elegante, pero resuelve el problema.

Como se puede ver, no hay necesidad de estar deprimidos por el futuro de la humanidad. Todo lo que se necesita es trabajar por lo positivo en lugar de ponerse negativos y volverse hacia los mundos pequeños como el “hipster”. Desarrollen su comunidad local; enriquézcanse como personas; crean arte y literatura grandiosos; háganse más fuertes y mejor instruidos en las cosas que de verdad importan: el estudio de la realidad.

El embotellamiento se viene y mientras pareciera ser que los imbéciles que imponen su dogma del mundo pequeño entre nosotros, oscureciendo al mundo grande, están ganando, no lo están. Están tan sólo alcanzando una cima de actividad antes de desaparecer. Evita la depresión, mejórate a ti mismo y a la verdad y, tan seguro como que el sol sale cada mañana, tú (y todos los realistas) triunfarán.

Un Diálogo Socrático

Publicado en Nihilism el Junio 6, 2009 por moby31416

(Basado en una discusión con un amigo mío altamente inteligente que, como la mayoría, estaba adoctrinado en ideas liberales y no tenía tiempo para analizarlas. Sócrates viene a reemplazarme a mí y a otros dos, y un idealizado Bret, a mi amigo y a otros cuatro)

Bret: Saludos, Sócrates. Me dijeron que crees que la democracia es mala y la aristocracia buena.

Sócrates: Así que tú crees que la democracia es el sumo bien; ¿me puedes decir por qué?

Bret: El individuo es el bien más importante, y la democracia le permite a este individuo – a través de la representación – expresarse y tener mayor poder contra sociedades que pueden causarle daño. Es libertad para el individuo, y esa es la más alta aspiración de una sociedad avanzada.

Sócrates: Eso suena bastante bien. Pero dime, si un individuo fuera a desarrollar un virus que eliminara la humanidad, ¿lo detendrías?

Bret: Indudablemente. Estaría impidiendo el derecho individual, y tendría que ser detenido.

Sócrates: ¿A pesar de poseer el derecho a la libertad y a la expresión?

Bret: Su propia expresión impediría a otros tener la misma libertad; por lo tanto, en nombre de lo colectivo, se la tendríamos que negar.

Sócrates: Entonces, si el individuo hace algo destructivo para el conjunto, ¿debe ser prevenido?

Bret: Obviamente, puesto que restringe la libertad del conjunto.

Sócrates: ¿Qué sucedería si el individuo utilizara su libertad para crear un estado político que restringiera la libertad del conjunto?

Bret: Tendría que ser reprimido.

Sócrates: Así que si un individuo estuviera ejerciendo su libertad para restringir la libertad del conjunto, él sería reprimido. ¿Qué sucedería si más de un individuo estuviera actuando así?

Bret: Ellos también tendrían que ser reprimidos.

Sócrates: ¿Qué sucedería si dichos individuos no supieran que su voto restringiría la libertad del conjunto?

Bret: Aún así, tendrían que ser reprimidos.

Sócrates: ¿Y si estos individuos constituyeran una mayoría?

Bret: Para que la democracia continúe existiendo, tendrían que ser reprimidos.

Sócrates: Pero entonces, ¿no debiera haber alguien que los limite?

Bret: Sí, un líder sabio.

Sócrates: ¿Qué tan diferente es este líder de un rey?

Bret: Bueno, la gente tiene libertad.

Sócrates: Pero, ¿sólo de elegir lo que ya está elegido, llamémosle: democracia?

Bret: Cualquier otra cosa restringe la libertad de los otros.

Sócrates: ¿Y para mantenerse al margen de este destino, necesitan un rey?

Bret: No, un líder elegido.

Sócrates: Pero, si ellos no saben cuando sus decisiones restringirán la libertad del conjunto, ¿cómo pueden elegir al representante adecuado?

Bret: Si no lo saben, perderán sus libertades.

Sócrates: Pero con un rey, ¿siempre tienen libertades?

Bret: ¡Excepto a elegir un líder!

Sócrates: Pero ya habíamos acordado que no pueden saber si están eligiendo un líder que restringirá – o no – la libertad del conjunto, y que si escogen la opción incorrecta, deberán ser reprimidos. Por lo tanto, ¿tienen realmente la libertad de elegir un líder?

Bret: Es, pues, una libertad dentro de ciertos límites.

Sócrates: A mí me parece que un rey ofrece la misma libertad limitada, y elimina la posibilidad de que la gente tome decisiones que no comprende. Suponiendo que la gente hoy votara por algo que restringirá la libertad del conjunto en, digamos, 500 años; una vez que eso se haya votado, ¿nada podrá cambiar de dirección esa elección?

Bret: Por supuesto que ello tendría que cambiarse. A través de la educación, o algo de esa naturaleza.

Sócrates: ¿Y si la educación no funcionase; si fuera algo tan complejo que una persona común no pudiera entender?

Bret: Entonces su voto será denegado.

Sócrates: Entonces si alguien votara por algo que en un futuro distante limitase las libertades del conjunto, ¿ese voto sería denegado?

Bret: Sí.

Sócrates: Así que la democracia, con el fin de protegerse de malos votos, debe limitar la libertad del conjunto. ¿Estás de acuerdo?

Bret: Por supuesto.

Sócrates: ¿Y los votos que restringen la libertad del conjunto deben ser limitados?

Bret: Sí.

Sócrates: ¿Eso incluye…votar por la democracia?

(La democracia es una paradoja: gente votando por cosas que no comprende, con el fin de alcanzar metas paradójicas como la libertad de no-ser-libre. No funciona, excepto como un apaciguamiento para las masas, que, creyendo que son “libres”, ignoran las maquinaciones ocultas del comercio.)

Más Allá del Racismo: La Raza es Importante, el Racismo No

Publicado en Nihilism el Mayo 29, 2009 por moby31416

En una sociedad igualitaria, no hay mayor tabú que el de la desigualdad, y la peor forma de quebrar ese tabú es afirmar que las razas no son iguales. En este artículo, mostraré mediante referencia a algunas fuentes que las razas no son iguales, pero que la cuestión de la raza se encuentra más allá de la escala lineal de “inferior” y “superior”. Si se ve capaz de soportar lo ofensivo, y reconoce que la civilización actual está muriendo porque vive en negación de la realidad, siga leyendo.

Todos hemos evolucionado de forma diferente, incluso las distintas tribus y naciones de Europa. Cada uno de nosotros es una historia de rasgos, rasgos mentales incluidos, perfilados por nuestra cultura. En cualquier cultura, aquellos cuyas tendencias innatas se corresponden con los valores de esta tienen éxito; aquellos que carecen de esta correspondencia tienen menos probabilidades de realizarse con éxito. Con el tiempo, esto da lugar a un sistema compartido de valores culturales, que a su vez engendra un consenso filosófico y político; esta es la base de toda gran civilización que ha existido alguna vez (aunque la mayoría están en decadencia actualmente, y la mezcla de razas es un síntoma de este declive). Sin consenso, no hay acuerdo para progresar y mejorar, por lo que las civilizaciones decaen, estancándose en una imitación descafeinada del proceso, como pueda ser el “darwinismo social”, mediante el cual se establece que los que más dinero ganan – no los que mejor trabajan en una tarea determinada, sino los que más dinero ganan en dicha tarea, independientemente de lo bien que esté realizada – son los más apreciados por la sociedad. Esto es claramente decadente, los productos malos son los que más dinero generan (Macintosh, los coches americanos, la comida basura, la comida rápida, la heroína barata), y con este modo de pensar termina la voluntad de una sociedad de mejorarse a sí misma, reemplazada por el deseo de vivir confortablemente durante la decadencia – pura comodidad.

Porque hemos evolucionado de forma diferente, no sólo la mezcla de razas es una locura, sino que también lo es la mezcla de castas: si se mezcla una familia de líderes con una de carpinteros, se obtendrá un líder en el papel de un carpintero, o un carpintero en el papel de un líder, pero de las dos formas, las tendencias de este individuo estarán divididas entre su presunta tarea y sus auténticas inclinaciones. En mi sociedad, las castas tienen el mismo valor, pero sus especializaciones se mantienen. Las aptitudes necesarias para ser un carpintero son distintas de las que se necesitan para ser un líder, y un líder suele ser un pésimo carpintero, pero ambas tareas son necesarias para la civilización. Casta por lo tanto, y no clase. Las clases clasifican linealmente según la riqueza, las castas no clasifican, sino que ayudan a especializarse conforme a las distintas tareas y aseguran que cada uno tenga garantizado un lugar respetable, honorable y necesario, a menos que por supuesto uno sea extremadamente incompetente o torpe. ¿Ayudaría eso?

Quiero a mis amigos afroamericanos además de a mis amigos “blancos” (en realidad: distintas tribus indoeuropeas, incluyendo a los indios, para quienes “blanco” es una categoría general destruida). Los aprecio individualmente y les tengo el mayor respeto, lo que quiere decir que no espero que sean como yo, ni que encajen en una sociedad indoeuropea. Es posible argumentar que los afroamericanos son más propensos a cometer crímenes violentos, o que es menos probable que los afroamericanos se labren un prestigio social, que hay diferencias de inteligencia entre las razas, o incluso que los afroamericanos se quedan atrás en cuanto a inteligencia, o que son producto de un proceso evolutivo distinto que ha valorado formas diferentes de inteligencia, pero eso no cambia mi amor por un amigo, o por mí mismo: pienso que debería serme posible vivir en una sociedad indoeuropea de mi tribu étnico-cultural, rodeado nada más que por indoeuropeos, e ir a visitar a mis amigos afroamericanos en su propia sociedad los fines de semana, y exiliar a los que mezclan las razas en cualquiera de las dos sociedades a Oriente Próximo, que es donde la mezcla de razas ha tenido tradicionalmente el mayor número de partidarios.

Resumiendo, en mi opinión el problema de las razas “inferiores” o “superiores” es una cuestión que solamente debatirían los imbéciles, y no me interesa lo más mínimo. Las razas son diferentes, y prefieren distintos tipos de sociedades étnico-culturales; esto está claro objetivamente, pero “subjetivamente”, prefiero una sociedad de mi propia estirpe, con valores étnico-culturales compartidos, y no me parece que esto resulte insultante para los afroamericanos o para cualquier otro grupo étnico. En realidad es lo contrario: el máximo respeto que puedo otorgar a cualquier grupo es insistir en que estén separados y se les permita ocuparse de sus asuntos a su manera, pues opinar de otra forma es suponer que mi modo es mejor, y por tanto, es imponerlo sobre ellos como una “mejora” a lo que son. Eso es racismo burdo, no importa cuánto lo disfracemos de liberalismo judeocristiano. El racismo me parece inútil, pero creo en la eugenesia, porque es uno de los cimientos de una sociedad que está siempre avanzando hacia metas más elevadas.

La herencia es más importante que los valores inculcados, pero esto no sólo se aplica a las razas, sino a las tribus, castas, grupos locales, y a los individuos. El problema que tengo con los racistas es que piensan que todos los individuos son iguales, presuponiendo que tienen origen en un cierto grupo racial común: a mis ojos esto es una insensatez. No todos los “blancos” son personas a las que dejaría vivir; en realidad, a estas alturas de la historia, la mayoría de los “blancos” merecen morir, porque son productos inútiles, descerebrados y apocados de existencia industrial que no tienen nada que aportar. Merecen mi desprecio más absoluto, porque en mi tribu, donde hay consenso étnico-cultural, esta gente es inferior, simplemente porque dan asco. No son muy inteligentes, no tienen buen carácter, y les falta incentivo para hacer cualquier cosa que no sea desempeñar trabajos de holgazán y dar órdenes a los demás conforme a reglas escritas en hojas de papel. ¡Que les corten la cabeza!, y matemos a sus hijos también: nada bueno puede venir de semejante semilla. ¡Qué demonios!, hay siete mil millones de personas en la tierra, y todos salvo algunos millones no son más que acólitos inútiles. Menos gente significa más bosque, más peces, más ecosistema y más animales, ¿a qué estamos esperando?

La eugenesia es muy real. O se establece un consenso étnico-cultural y se depura cada generación en pos de una versión mejor que la actual, produciendo gente más inteligente-noble-sana, o el proceso se queda estancado, y puesto que el tiempo sigue adelante, se involuciona, y se está cada vez menos adaptado a los cambios del medio ambiente, que fluctúan en ciclos con objeto de alentar la evolución. Yo prefiero la perspectiva heroica, que consiste en asumir que el individuo no es un mundo en sí mismo, sino una pequeña pieza del todo, y en poner por ello las pretensiones individuales y la seguridad en segundo plano frente a la necesidad de una sociedad sana y evolucionando para mejor. La eugenesia es muy real. No es la única cuestión, pero es una herramienta necesaria de la sociedad que alcanza la unidad étnico-cultural. Y en última instancia, todo el mundo se beneficia, pues los niños que hayan nacido en el futuro serán más inteligentes, más sanos y de mejor carácter, por lo que se enfrentarán en menor medida a la baja autoestima que los abotargados productos de casta mixta, raza mixta y realización de bajo rendimiento. Plantéelo de esta forma, ¿qué preferiría, condenar a las generaciones venideras a la insuficiencia, o asegurar que esos niños estén bien criados y sean felices? Yo prefiero lo último, y no soy el único, pero entre quienes temen su propio fracaso mucho más de lo que aspiran a cumplir el destino de su vida, existe una opinión predominante: toda genética vale, todos los individuos valen, pero por favor, ¡no hagáis nada que pueda ponernos a alguno de nosotros en evidencia! – esta es la vía del cobarde, y de la muchedumbre mediocre, y para una persona en desarrollo no tiene utilidad alguna.

Esto es sólo una muestra de los esquemas que hacen que la vida tenga sentido. En nuestra época, la gente se acobarda por miedo a muchas cosas, y como resultado, ha establecido una sociedad basada en la comodidad bajo el pretexto de evitar el sufrimiento y hacer que todo el mundo sea “igual”. Esa es la apariencia de puertas para afuera, pero en esencia, la auténtica motivación es el utilitarismo: por miedo a descubrir nuestra auténtica valía, dejamos que sea la muchedumbre quien juzgue. El precio de este pacto con el diablo es que jamás podremos volver a emprender una dirección, menos aún una dirección más elevada, porque esto “ofenderá” a alguien o le hará sentirse inferior. El efecto es manifiesto: ¿dónde está el Beethoven de esta era?, ¿el Nietzsche?, ¿el Miguel Ángel?, ¿el César? No tenemos más que líderes cobardes y lloricas, y “artistas” y “filósofos” que escriben sobre las modas para ganar dinero y comprarse una casa en las afueras. Los signos de la decadencia saltan a la vista, y aunque la raza no es la causa, sí es un síntoma, y uno que se puede arreglar. Más aún, es importante darse cuenta de que la separación racial no es un fin en sí mismo, sino parte de un programa general de desarrollo que incluye la división por tribu y casta, y finalmente, la eugenesia aplicada a los propios individuos.

Dividir por tribus permite que cada tribu haga las cosas a su manera, es el único modo de lograr el consenso necesario para cualquier tipo de sociedad que progresa permanentemente. Es este, y no cualquier creencia alimentadora del ego de ser “superior” o “inferior” por pertenecer a un grupo, el motivo para la separación de las razas – que no el antagonismo entre ellas. Seguiré preocupándome por mis amigos gays, afroamericanos, hispanos, asiáticos y judíos, pero también en primer lugar de mí mismo y de mi gente, que necesita la separación para sobrevivir. No deje que los racistas burdos le confundan – se puede preferir al propio pueblo al que uno pertenece sin caer en el odio, la intolerancia y otras formas de exaltación masturbatoria de la propia imagen.